lunes, 15 de julio de 2013

Baile victoriano III


EL VESTIDO DE BAILE PARA DAMAS 




Una dama, al vestirse para un baile, primero debía considerar la delicada cuestión de su edad; y después, la de su posición, si estaba casada o no. Entonces lo reflejaría en la simplicidad de su atavío, la elegancia del diseño de su vestido, y en los colores apropiados. 

Como todo en un salón de baile era luminoso, alegre, y justo lo contrario a la depresión, le estaba permitido a las damas ancianas que no bailaran, de modo que pudiera asumir un estilo ligero en el vestir que fuera apropiado para la cena, un concierto, o la ópera. 

El vestido de las damas casadas y solteras, a pesar de ser joven en la forma, debía ser de marcada distinción. Los vestidos de seda eran, por lo general, no deseados para los que bailaban; pero la dama casada podía aparecer en una seda moiré de un color ligero, o hasta en una seda blanca, que podía ser ribeteada con tul y flores. Las flores o pequeñas plumas se consideraban elegantes en la cabeza; la joyería debía ser lucida con moderación, una sola pulsera era suficiente para quienes bailaban. 


Las damas jóvenes solteras llevaban los vestidos de materiales claros, cuanto más ligeros mejor. Tarlatane, gasa, tul, encaje, la muselina más fina, puntilla, y demás telas similares eran adecuadas; tales vestidos eran llevados sobre una pieza de seda. 

Las damas de luto completo no bailarían, incluso si se permitían a sí mismas asistir a un baile. Para quienes se encontraban de luto, el color negro y escarlata o violeta era el atavío apropiado. Cuando el luto permitía bailar, el blanco con adornos de color de malva, violetas o negros, adornos y frunces se consideraban apropiados. Un vestido de satén negro se veía mejor cubierto por encaje, tarlatan, o crépe, éste último sólo se vestía estando de luto. 

En la selección de colores una dama debía considerar su figura y su tez. Para las damas delgadas los colores claros y el blanco eran muy adecuados; pero en el caso de ser de tendencia gruesa, estos colores debían evitarse, ya que tenían fama de "añadir unos kilos". Además, la armonía en el vestido implicaba la idea de contraste y era escogido en referencia con el cutis; así, una dama rubia lucía la mayor parte del tiempo matices delicados, como el rosado, el salmón, azul claro, el maíz, verde, blanco, etcétera, etcétera. Una dama morena, al contrario, seleccionaba colores ricos y brillantes. 

El tocado para la velada iba conjuntado con el vestido, aunque las damas que tenían una profusión de hermoso cabello requerían poco o ningún ornamento artificial; una flor simple era todo lo necesario. A quienes estaban menos dotadas en cuanto a esto, les estaban destinadas los tocados. Una dama de estatura alta evitaba llevar algo en la cabeza, ya que este añadido hacía más evidente su estatura. "Una corona de flores" o una "corona inclinada" por lo tanto, eran lo que se consideraba apropiado. 

Todos los accesorios para la velada: los guantes, zapatos, flores, abanicos, binóculos, y la capa de ópera, debían ser modernos y nuevos. Un descuido en este aspecto podía estropear el efecto del vestido más impresionante. Los guantes blancos eran apropiados para el salón de baile, los de luto eran confeccionados en negro. Los guantes debían ajustarse impecablemente, y nunca debían quitárselos en la sala de baile. Era apropiado para quienes bailaban que estuvieran provistos de un segundo par para sustituir los otros cuando se manchaban o en caso de que se estropearan, o si los botones se caían. Los zapatos de satén blanco se llevaban con vestidos de colores claros; y en negro o bronce con vestidos oscuros. Se consideraban también elegante usar en el salón de baile las botas; estas eran de satén, seda, blancas o a juego con los colores del vestido. 





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