La precipitación en
sentarse, la elección de puesto que no pertenece o que
ofrece más comodidad, la vista fija en los manjares,
una ostentación de grande apetito, un aire goloso, el servirse sin
aguardar a que llegue su tumo, el principiar a comer antes que las personas de
más distinción lo hagan, las manos siempre en movimiento, son
acciones groseras, que ponen en ridículo al que las hace. El no saber trinchar
el plato que tuviese delante, equivocando el que ha de servirse con cuchara con
el que debe partirse con cuchillo, el cortar de diverso modo los pescados, las
aves, etc., el no saber mondar y partir las frutas y pastas,
son pequeñeces que, si se hacen con torpeza, se da a manifestar la
humildad de nacimiento o el abandono de educación.
Así, pues, deben observarse en la mesa las prevenciones siguientes:
No servirse dos platos con la misma cuchara, tenedor o cuchillo, y menos con la cuchara común.
Así, pues, deben observarse en la mesa las prevenciones siguientes:
No servirse dos platos con la misma cuchara, tenedor o cuchillo, y menos con la cuchara común.
No salpicar con la salsa a las personas que hay al lado.
No manchar los manteles al trinchar o al servir el vino, ni la servilleta á fuerza de limpiarse la boca y los dedos.
No romper, chupar y golpear los huesos para sacar su médula. o ensuciarse los dedos, ni tomar con ellos tajada alguna o hueso.
No hacer ruido mascando o bebiendo.
No comer deprisa ni despacio, porque lo uno indica que han ido solo a comer, y lo otro que no gusta la comida, y que así se entretiene el tiempo.
No oler los platos ni poner faltas a los guisos, carnes, etc.
No partir el pan con los dientes ni en muchos pedazos.
No soplar las viandas, caldos, etc., sino esperar a que se enfríen.
No gastar chanzas pesadas ni tocar a nadie con. los pies.
No estar siempre callados ni sacar conversaciones tristes, y si festivas; pero con decoro, cuidando siempre de evitar personalidades.
No limpiarse los dientes con el tenedor o cuchillo.
No comer de todos los platos sin excepción, porque pueden granjearse la fama de tragones o golosos.
No manifestar preferencia a ningún plato sin dar razones que lo apoyen.
No decir las faltas que por casualidad cometa el encargado de servir y trinchar.
No estornudar, toser, ni sonarse encima de la mesa, sino a un lado y poniéndose el pañuelo en la boca.
No extrañar ciertos platos, aunque nunca se hayan visto, y mucho menos acerca del aprecio y escasez de ellos sin grande oportunidad.
No sentarse ni levantarse de la mesa antes de que la mayoría lo haga
.
No olvidarse, en fin, que la falta más mínima en la mesa es un defecto capital de lesa gastronomía.
No olvidarse, en fin, que la falta más mínima en la mesa es un defecto capital de lesa gastronomía.

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