martes, 16 de julio de 2013

El Cortejo

El salir durante el cortejo: 


Poder salir significaba que una mujer joven había terminado su educación y que estaba oficialmente disponible en el mercado del matrimonio. Las circunstancias financieras o familiares podía retrasar o adelantar el debut de una muchacha, aunque normalmente se la presentaba cuando llegaba a los diecisiete o dieciocho. Para la ocasión, al joven debía hacerse con un guardarropa nuevo para la temporada con intención de aparecer lo mejor posible, ante su público. 

Una muchacha permanecía bajo la protección materna en los primeros años de su vida social. Utilizaba las tarjetas de visita de su madre, o las de otro pariente femenino si su madre estaba muerta. Esta misma persona servía generalmente como chaperone (carabina), ya que nunca se permitía a una muchacha salir sola de casa, especialmente si la compañía era del otro sexo. 

El cortejo avanzaba por pasos, con la primera conversación de la pareja, la primera salida en compañía el uno del otro ( y la carabina, por supuesto que los seguía a menos distancia de la que les hubiera gustado a los enamorados), y finalmente haciéndose compañía continuamente cuando la atracción mutua había sido confirmada. Pero un caballero tenía que tener cuidado en los primeros momentos del cortejo. Si lo presentaban a una dama en una fiesta con el objeto de bailar, no podía asumir que automáticamente podía considerarse el conocido de la dama en cuestión, si ambos coincidían fortuitamente en la calle. Como resignado caballero que pretendía ser, debía esperar a ser formalmente presentado de nuevo por un amigo común de ambos. Cosa que, por supuesto, solo podía ocurrir si la dama daba el consentimiento de que le fuera presentado otra vez.


 
Las clases más bajas tenían oportunidad de socializar en las cenas del Servicio Dominical, tras la misa del domingo y en las fiestas populares, mientras que las clases altas llevaban a cabo sus acontecimientos sociales a través de las “temporadas”. Las Temporadas sociales se desarrollaban entre abril y julio. Algunas familias llegaban a la ciudad antes de esas fechas, si el Parlamento tenía alguna sesión. 

El día típico de una debutante significaba tener que levantarse en torno a las 11a.m. o 12 del mediodía, desayunar en su vestidor, asistir a algún concierto celebrado en el Parque, cenar a las ocho, ir a la ópera, asistir a tres o cuatro fiestas hasta las 5 de la mañana...todo bajo el ojo atento de su chaperone. 

Se tenía que tener mucho cuidado en los asuntos públicos para no ofender a un posible pretendiente ni a su familia. 

Las siguientes son algunas reglas de conducta que una perfecta señorita debía observar en su comportamiento: 
- Una mujer soltera, jamás se dirigiría a un caballero sin haber sido presentada anteriormente 
- Una mujer soltera jamás caminaría por la calle sola. Su chaperone la acompañaría y preferiblemente debía tratarse de alguien de mayor edad, preferiblemente casada. 
- Si ella había llegado a la etapa del cortejo en la que se le permitía pasear con un caballero por la calle, estos caminarían siempre alejados el uno del otro. Un caballero podría ofrecerle su mano para sortear irregularidades en el terreno, siendo este contacto el único que le estaba permitido mantener a un hombre con una mujer que no fuera su prometida.



-Las mujeres decentes nunca viajaran solas en un coche cerrado con un hombre que no sea un pariente
-Ella nunca invitaría a caballero soltero a su domicilio. 
-Ella no podría recibir a un hombre en su casa, si estaba sola. Otro miembro de la familia tenía que estar presente en el cuarto. 
-Una auténtica dama nunca volvía la mirada al pasar al lado de alguna persona en la calle, ni debía girarse o darse la vuelta para mirar a alguien en la iglesia, en la ópera, etcétera... 
- No se tenían ningún tipo de conversación impura delante de mujeres solteras. 
-No se permitió ningún contacto sexual antes del matrimonio. La inocencia era exigida por los hombres en muchachas en su clase, y especialmente en la que podría llegar a ser su futura esposa. 
-La inteligencia femenina no era animada, ni tampoco ningún interés en política que ellas pudieran sentir. 
 
NEGOCIACIONES 

Para el final de la temporada, muchas relaciones se habían consolidado con buenas perspectivas de futuro. Así comenzaba una relación seria, con el matrimonio como meta final. 

Existía una camaradería entre mujeres de clase alta. Se aconsejaban, chismeaban, se contaban secretos y se escribían cartas apasionadas entre ellas. Eran las principales organizadoras de los asuntos sociales, pero la desgracia más insalvable para cualquiera que se enemistara con ellas, pues podían apartarte para siempre de la alta sociedad, haciéndote. Cuando una muchacha joven estaba en buenos términos con estos selectos grupos sociales, podía contar con ayuda para conseguir un partido ventajoso.


Había reglas a seguir incluso aquí (el matrimonio). Hasta 1823, la edad legal en Inglaterra para la unión era 21 años--para los hombres y las mujeres. Después de 1823, un varón podía casarse con 14 años sin consentimiento paterno, mientras que una muchacha podía hacerlo con 12 años. La mayoría de las chicas, sin embargo, se casaban con edades entre los 18 y 23, especialmente en las clases altas.

Era también ilegal casarse con la hermana de una esposa difunta. Pero se podían casar con primos hermanos. No obstante, la actitud hacia los matrimonios entre primos hermanos cambió a finales de siglo. 

El matrimonio era animado dentro únicamente, de la misma clase social. El aspirar a clases superiores, convertía a aquel que lo pretendiera en un presuntuoso y un advenedizo. Si por el contrario, la persona se casaba con alguien de una situación social inferior, se consideraba que la persona se había casado por debajo de sus posibilidades. 

En los matrimonios de clase alta, la esposa venía acompañada muy a menudo con una abundante dote (lo que suponía un aliciente más para el matrimonio). Los aspectos financieros de una unión eran discutidos abiertamente, como los acuerdos prematrimoniales de hoy. Ambas partes daban a conocer sus fortunas. El hombre tenía que probar que podía mantener a su esposa en el nivel de vida al que ella estaba acostumbrada. La mujer, mirando a menudo para mejorar su situación social, utilizaba su dote como señuelo. Para proteger a una heredera, su familia podía crearle un fondo de inversión, que sería controlado por el tribunal de Chancery Court. La mujer tendría acceso a esta herencia si ella lo solicitaba, pero su marido no podría tocarla (tocar la herencia, se entiende). 


Una mujer soltera de 21 podía heredar y administrar su propia herencia . Incluso su padre no tenía ningún poder sobre ella. Una vez que ella se casaba, sin embargo, todas sus posesiones pasaban a su marido. La mujer no podía ni siquiera hacer un testamento para sus propiedades, mientras que el marido podría administrar los bienes de su esposa y cedérselos a sus propios hijos ilegítimos, si así lo quería. Por lo tanto, el matrimonio, aunque constituía la meta de la vida, tenía que ser considerado y sopesado muy seriamente. 
Debido a que muchas uniones eran consideradas casi como un asunto de negocios, pocas comenzaban con amor. Aunque con el devenir de los años, muchas parejas terminaban encariñándose entre ellas, y a menudo, creando como resultado de esto unos lazos casi tan profundos como el amor. 

EL CONTRATO 

Se estudiaban las cuentas bancarias, se examinaban los linajes ancestrales, y se exploraban a fondo las conexiones políticas. Si ambas partes pasaron la prueba, el paso siguiente hacia el matrimonio era el compromiso. 

Si todavía no lo había sido, el hombre era presentado a los padres de la muchacha, y a los grupos de amigos de ambos. El permiso para pedir la mano de la hija en matrimonio debía ser concedido por el padre de la novia, aunque el caballero debía esperar hasta que tuviera el consentimiento de su novia, antes de dirigirse al padre. 

La proposición de matrimonio era mucho mejor hacerla en persona en los términos y modos más claro posibles, con la idea de que la chica no malinterpretara las intenciones del caballero. Si él no podía pedírselo en persona, podía hacerlo mediante una carta. Una muchacha no tenía porqué aceptar su primera proposición. Podía coquetear y hacerse la fría.


"Se permitía que el compromiso permaneciera en secreto durante un corto periodo de tiempo, antes de hacerlo público, excepto para los parientes más allegados y los amigos íntimos. Esto era una precaución frente a que el compromiso pudiera ser interrumpido por cualquiera de las partes. 
La madre celebraba una recepción una vez que el compromiso era anunciado. El propósito de esta cena era introducir al novio a la familia de la novia, a lo que podía seguirle una cena más formal. Una vez que el novio había sido formalmente presentado, la novia era presentada a la familia de él. 
Esto podría ser bastante molesto para una muchacha joven, pues el ojo de la suegra era a menudo muy crítico . 

Después de que el compromiso fuera anunciado a la familia, la novia escribía al resto de sus amigos para contarles el feliz acontecimiento. Al mismo tiempo, su madre escribía a las parientes más ancianos de estas familias. Los compromisos duraban entre seis meses y dos años, dependiendo de las edades y circunstancias de los contrayentes. 

El compromiso se terminaba con un anillo. El tamaño y la piedra dependían de las rentas del novio. Podían tener la forma de nudo del amor, una banda simple, o una banda encajada con diversas piedras cuyas iniciales deletreaban un nombre o una palabra de amor. Por ejemplo el Príncipe de Gales, Albert Edward, dio a la princesa Alexandra de Dinamarca un “anillo gitano” con un Berilo, una Esmeraldas, un Rubí, una Turquesa, un Iacynth y otra Esmeralda que deletreaban así su apodo “Bertie”. 

Una mujer podía, si lo deseaba, regalarle a su prometido otro anillo, aunque esto no era obligatorio. 

La pareja podía tratarse un poco más íntimamente tras el compromiso. Podían caminar solos, tomarse de las manos en público, y dar paseos sin carabina. Se permitía pasar una mano alrededor de la cintura, un beso casto, y el tomar la mano. Podían hacerse también, visitas en soledad detrás de puertas cerradas, como la de los jardines. Pero debían despedirse obedientemente al anochecer, o durante la noche si estaban en una fiesta en la campiña. De otro modo, si el compromiso se rompía, la muchacha sufriría las consecuencias de una reputación arruinada debido a su comportamiento anterior. Un hombre honorable nunca rompía un compromiso para no causar incomodo a la muchacha." 


Durante el cortejo, el pretendiente podía regalarle a la dama solo determinados regalos como flores, dulces o bombones. Una mujer no podía regalarle nada al caballero hasta que él no le hubiera regalado algo, y solo entonces se le permitía ofrecerle algo artístico, hecho a mano y barato. 
Las parejas jóvenes no debían esperar regalos de boda de sus amistades. Era costumbre que algunas veces. Es una costumbre que puede suponer cierta incomodidad para aquellos que tenían pocos ingresos. Los regalos sólo podían ofrecerlos aquellos con los que tenían fuertes lazos de amistad o aquellos con los que compartían un afectuoso trato. De hecho, en 1873 las palabras “no se aceptan presentes” se incluyeron en las invitaciones de boda. 
Desafortunadamente, algunos compromisos se terminaban con la vergüenza que eso causaba, terminando incluso en demanda legal su se terminaba por parte de uno bajo al disconformidad del otro. La “ruptura v de la promesa” solía terminar con una parte de la pareja pagando los gastos de la otra parte, como por ejemplo el vestido de novia y el ajuar. . 
Éste era uno de los motivos por el que las noticias del compromiso se mantenían en el seno de la familia y amigos. Si no se hacía público, no se consideraba oficial, y por lo tanto no se llevaba ante el tribunal. Las mujeres eran increíblemente cautas en sus cartas y diarios, por si el asunto llegaba hasta esos extremos. 

A pesar de lo cruel que suena todo esto, existía el romance y el amor verdadero en la época victoriana. Quizás eran estos mismos límites y reglas los que hacían más especial al amor para aquellos que lo encontraban. Para los afortunados que encontraban el amor dentro de su misma clase social, y que contaban con la aprobación de sus familias. Incluso para aquellos matrimonios que comenzaron sin amor y que terminaron a menudo en un profundo y simpático cariño, que sería envidiado por muchos. 







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