martes, 16 de julio de 2013

La Boda II

El atuendo del novio. 

El novio también estaba bajo las influencias de la moda el día de su boda, y se volcaba en revistas para buscar consejo de la mejor manera para vestirse. En los principios de la época Victoriana, el novio vestía levita azul, morada o burdeos, con una flor en su solapa. Hacia 1865, las chaquetas ya llevaban un agujero especial para introducir en él la flor. Su chaleco era blanco, y sus pantalones de gamuza. Utilizar el negro estaba fuera de consideración. El padrino y los testigos vestían también levitas pero en un tono más tenue o apagado. 

Para mediados de la época Victoriana, llevar levita era poco frecuente y se solía llevar un chaqué, ya que se consideraba que confería una apariencia más elegante. Algunos novios seguían usando levita, e igualmente con chaleco de paño negro, pantalones gris oscuro, una corbata anudada de un tono intermedio, y guantes lavanda bordados en negro 

La moda cambió muy rápidamente en los últimos años de la época victoriana, desde la no necesidad de usar guantes en 1885, a la obligatoriedad de usarlos en 1886. Los hombres usaban sin embargo, guantes color perla con bordados en negro. En 1899, la levita volvió a estar de moda con botonadura doble, chaleco en tonos claros, pantalones grises de cachemir, botas con puntera de charol, y guantes claros de cabritillo. Durante toda la época Victoriana se hizo necesario el uso de un sombrero de copa. 

Hacia el final, los adornos eran muy variados, un ramillete de lilas, una gardenia, o una ramita de stephanotis. Si la boda tenía lugar por la noche, se pusieron de moda los fracs de cola larga, con guantes y chaleco blancos. El padre de la novia vestía como el novio y los padrinos, y esto dependía del tiempo que hacía el día de la boda. 


Testigos, niños y familia. 

Los vestidos de las damas de honor debían ser prácticos y bonitos, para que pudiera formar parte del vestuario de la muchacha tras la ceremonia. Algunas novias más generosas, proporcionaban el vestido a sus testigos (damas). Durante los primeros años las faldas eran muy amplias y los cuerpos (bodices) reducidos. La tradición pedía que todo fuera blanco, aunque se permitía algún toque de color sin que se perdiera en ningún momento el efecto de que todo era blanco. Las damas cubrían sus cabezas con velos cortos que caían de una corona hasta justo debajo de la cadera. Las bodas que se celebraban en casa no requerían llevar velo y se solía vestir coronas de flores y lazos. 

Para mediados de la época Victoriana, los polisones eran los reyes de la moda. El blanco ya no era el color indispensable para la boda, pero seria siendo utilizado con bastante frecuencia normalmente combinándolo con otros colores. 

Las niñas pequeñas podían ser las que llevaran las flores o los anillos. Si eran mayores podían ser pequeñas damas de honor o doncellas de honor. Dependiendo de su papel, sus vestidos eran de muselina con un fajín que combinaba con sus zapatos y medias. El vestido era también más largo o más corto, dependiendo del estilo que predominara o de la edad de la niña. Los chicos tenían el importante papel de llevar la cola de la novia. Vestían como pajes reales con chaquetas de terciopelo, pantalón corto, y cuellos redondos decorados con grandes lazadas de crepe blanco de china o Siria. Sus zapatos con lazos eran negros, a menos que fuera una boda formal, en cuyo caso vestían calzas y hebillas. Su traje de terciopelo podía ser negro, azul, verde o rojo con un sombrerito a juego que era opcional. Los sombreritos se quitaban dentro de la iglesia. 

La costumbre dictaba que las madres y las invitadas se vistieran de forma sutilmente diferente, puesto que era un día diferente al resto. A la boda solían acudir con su vestido de paseo o el de las visitas. Las madres, y otros miembros femeninos de la familia, vestían sus vestidos de recepción, que eran mucho más elegantes que un traje de diario, pero menos formal que el de noche o gala. Todas las mujeres tenían que llevar sus bonetes en la iglesia, pero se consideraba un accesorio opcional en las ceremonias celebradas en el hogar. Los Bonetes no se llevaban en las recepciones que tenían lugar por la noche. En las postrimerías de la Era Victoriana, se recomendaba el negro como el color adecuado para el de la madre de la novia. Estaba hecho de crepe negro a pesar de que significara duelo. Si la madre estaba en duelo realmente, podía cambiar su crepe durante la ceremonia y vestir un rojo cardenalicio ( en América se podía usar el terciopelo púrpura o la seda). 

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