·Las siguientes acciones eran consideradas extremadamente groseras si se estaba en compañía:
o cruzarse de piernas
o guiñar un ojo riendo desmesuradamente
o llevar el compás con pies y manos.
o Frotarse la cara o las manos
o Encogerse de hombros
o Colocar una mano por encima a la persona con la que se está conversando
o Mirar fijamente a alguien
·Al caminar y al sentarse se trataba de mantener siempre la espalda recta, lo que proporcionaba un aire de seguridad en uno mismo que podía ser muy positivo.
·Al caminar. Caminar con elegancia es uno de los atributos fundamentales de una persona con estilo. Conservar la espalda recta y la cabeza erguida (pero sin altivez) era un consejo básico.
·El paso debía ser firme y mesurado, ni muy corto ni a zancadas largas. Era mejor andar despacio, tranquilamente, con convicción, como dueño del terreno, con orgullo y confianza. Ir de prisa indicaba nerviosismo y le hacía a uno parecer un fugitivo.
·Nunca se cedía un libro que le había sido prestado a uno. Se era muy puntilloso a la hora de retornarlo a aquel al que nos lo había prestado, acompañándolo de una nota de agradecimiento, de lo más efusiva.
No hay comentarios:
Publicar un comentario