martes, 16 de julio de 2013

La Boda I

Decidiendo el día: 

La propia boda y los eventos que dependen de la ceremonia están anclados en ancianas tradiciones y evidentemente en las costumbres victorianas. Una de las primeras cosas que una joven debe tener en cuenta es elegir el día y mes para su boda. 

Junio siempre ha sido el mes más popular, debido a que su etimología procede de Juno, diosa romana del matrimonio. Juno traerá prosperidad y felicidad a todos aquellos que contraigan matrimonio en su mes. La practicidad juega también un papel en todo esto. Si se contraen nupcias en junio, la novia posiblemente de a luz a su primer hijo para primavera, dándole tiempo suficiente para recobrarse antes de Septiembre, momento en el cual comenzaba de nuevo la actividad social e industrial, tiempo de cosechas etcétera, por lo que la joven madre se podría incorporar a esas labores ya sin problemas. 

Junio también significa el final de la Cuaresma y la llegada de la estación cálida. Es decir, que llegó el momento de deshacerse de las pesadas ropas de invierno y participar en alguno de los eventos anuales. Abril, Noviembre y Diciembre, también estaban entre los preferidos, ya que no coincidían con los meses de mayor actividad en las granjas y en el campo. Octubre era un mes favorable, que venía a significar una cosecha favorable y abundante. Mayo sin embargo se consideraba un mes desafortunado. “cásate en mayo y lamenta el día” como dice un antiguo proverbio. Aunque por el contrario “Casate en el soleado septiembre, tu vida será rica y buena” 
Las novias también eran supersticiosas con el día de la semana como muestra esta rima popular. 

Casate en lunes para la salud salud
En martes para la riqueza riqueza
Miércoles es el mejor día de todos
Jueves para cruces
Viernes para pérdidas, y
Sábado para no tener ni pizca de suerte
 


El vestido de novia 

Una vez que las invitaciones de boda eran enviadas, la novia desaparecía de la vida social y no se dejaba ver en público. Por supuesto era tradición que no viera al novio el día de la boda, hasta que se encontraran frente al altar 

Una vez que la novia elegía su día de boda, derecho otorgado por el novio, podía comenzar a planear su ajuar, en el que la pieza más importante de todas era su vestido de novia. 

Las novias no siempre vistieron de blanco en la ceremonia del matrimonio. En los siglos XVI y XVII por ejemplo, las muchachas adolescentes se casaban con un vestido verde claro, como símbolo de la fertilidad. Una muchacha algo más mayor, en sus 20, se vestía con un tono marrón, y las más mayores casi siempre usaban el negro. Desde los tiempos de los sajones, hasta el siglo XVIII, sólo las novias pobres acudían a su boda con vestidos blancos (una forma pública de decir que no aportaba nada al matrimonio). Y otras iban con su traje de los domingos. 

El color del vestido se pensaba que también tenía influencia en la vida futura de una:

Blanco: buena elección
Azul: El amor será verdadero
Amarillo: avergonzada de su compañero
Rojo: quiere morir
Negro: quiere volver
Gris: Viajar lejos
Rosa: Él siempre pensará en ti
Verde: avergonzada de ser vista
 


Sin embargo, desde que La Reina Victoria se casó en 1840, el blanco se ha convertido en el tradicional color para los vestidos y ramos de novia. Una mujer usaba su vestido para presentarse en la Corte tras su boda, aunque normalmente con un cuerpo de vestido diferente. 

Un vestido de boda de principios de la época Victoriana consistía en un cuerpo de vestido ajustado, con cintura muy pequeña, y una falda amplia (con enaguas y más enaguas). Estaba confeccionada en organdí, tul, encajes, puntillas, sedas, lino o cashmere. El velo era de fina gasa, puro algodón o encaje. Un precio razonable para un vestido de novia en 1850 era 500 libras, según la revista Godey’s, más 125 libras para el velo. Hacia 1861 vestidos más elaborados llegaron a costar alrededor de 1500 libras si estaba confeccionado en encaje. 

El atuendo de boda durante este periodo fue todo en blanco, incluidos los vestidos de las damas de honor y sus velos. Los velos se sujetaban con coronas de flores, normalmente con flores de azahar y rosas, u otro tipo de capullos de la estación en la que se diese lugar. Los accesorios de la novia incluían: un par de guantes cortos y blancos de cabritilla, pañuelos bordados con sus iniciales de soltera, medias bordadas en la parte superior frontal, y zapatos planos decorados con nudos o lazos en el empeine. 


Las viudas que se volvían a casar a principios y mediados de la época victoriana, no vestían de blanco, no tenían damas de honor, ni velos ni flores de azahar (que era el símbolo de la pureza). Normalmente vestía un traje color perla o lavanda de satén adornado con plumas de avestruz. En las últimas décadas, se les permitió llevar pajes y asistentes, pero no velos ni flores. Podía llevar un blanco alejado un tono o dos del blanco convencional, aunque se prefería el rosa, el salmón, el color marfil o el violeta. 

En lo referente a las joyas, los diamantes siempre han sido los más populares. Cuando los vestidos blancos estaban a la moda, se consideraba adecuado el uso de perlas y diamantes para combinar. A mediados de la época Victoriana, los victorianos gustaban de exhibir su riqueza de forma más extravagante, y se usaron muy a menudo, tiaras de diamantes en las ceremonias. Lo más popular era el uso de piezas de joyería de diamantes que podían ser separadas después como piezas individuales. Tradicionalmente las joyas que lucía la novia eran regalos de su marido. Cuanto más temprano en el día se celebrara la boda, menos joyas se llevaban. 

Por ultimo, para la novia, se debe tener en cuenta la siguiente rima inglesa: “ Algo Viejo, algo Nuevo, algo prestado, algo azul, y una moneda de seis peniques de la suerte en tu zapato”. 

El “algo viejo” normalmente era algo heredado que conectaba a la novia con su pasado. Algo nuevo podía ser perfectamente su vestido o un regalo del novio. Algo prestado de cierto valor, Como el velo o el adorno de la cabeza (que volvía tras la ceremonia a su propietario). Algo azul como el liguero o un pañuelo bordado. El toque azul simbolizaba la fidelidad, y los seis peniques aseguraban una futura riqueza. 



No hay comentarios:

Publicar un comentario