A las jóvenes se les prohibía casi la lectura de los periódicos. Se consideraba que eran criaturas tan delicadas e inocentes que no debían mancillarse con las violentas y truculentas noticias de lo que sucedía a su alrededor. Así se las protegía de una preocupación innecesaria, y se las tenía apartadas de la vida real, una vida que de todas formas no podían cambiar. En cuanto a las casadas, era potestad del marido decidir si les permitían o no leer los diarios, aunque lo más normal era que esa acción recayera sobre el hombre, y la mujer no demostrara ningún interés por leerlos.
·Naturalmente las mujeres no podían votar ni ocupar puestos de ningún tipo en la vida política, ya que se les suponía una clara tendencia a la histeria.
Detrás de todo esto existían una serie de normas :
·Las mujeres victorianas en general debían ser inocentes, virtuosas, sumisas, obedientes e ignorantes en cuanto a opiniones inteligentes se trataba. Es decir, no se esperaba de ella que pensaran nada en absoluto.
·Debían ser débiles y necesitadas de ayuda. Una frágil y delicada flor incapaz de tomar decisiones por ella misma, más allá de seleccionar el menú y asegurarse de que sus hijos contaban con la educación moral adecuada.
·Pasaban el tiempo bordando, leyendo, recibiendo visitas, yendo de visita, escribiendo cartas, supervisando a los sirvientes, y sobre todo vistiéndose para ser la representación social de su marido…
·Las muchachas eran entrenadas desde su más tierna infancia para dedicar su vida a su hogar y a la familia si se casaba, o a la caridad si no lo hacía. Las jóvenes damas bien instruidas y sobre aviso de la importancia de “pescar” marido, eran aconsejadas sobre no mostrarse demasiado espléndidas a la hora de demostrar sus aptitudes o encantos. La docilidad y la modestia eran consideradas como virtudes admirables.
·Se esperaba de una jovencita que destacara en el arte de la conversación, pero no que fuera demasiado brillante. Los libros de etiqueta de la época, se concentraban en el tono, antes que en el contenido del discurso, animando a las chicas a cultivar ese tono ajeno, pero estudiado y controlado.
Una señorita bien educada tenía el deber de aprender las reglas de la etiqueta, que casi eran la base de la moralidad en la vida de aquella época. Desde la manera de andar por la calle, o cómo comerse la fruta de forma adecuada (primero pelándola con un cuchillo de plata y cortándola en pequeños trozos fácilmente comestibles), hasta cómo comportarse en toda clase de actos sociales.
Una dama:
Nunca participa o tolera la rudeza, la crueldad, la indiferencia o practica la ignorancia con otro ser humano
Cultiva siempre una actitud positiva.
Nunca retoca su aspecto (pelo o maquillaje) en público.
Recuerda; discutir el precio de algo nunca es de buen gusto.
No chismorrea.
Acepta y da elogios graciosamente.
Nunca lleva a cabo conversaciones privadas en reuniones públicas.
Nunca utiliza lenguaje de la calle o palabrotas.
Busca siempre maneras de mejorarse; espiritual, físicamente e intelectualmente.
Piensa antes de hablar, una vez dicho, nunca lo olvida.
Las señoras nunca abrazarán y se besarán cuando se encuentren en un lugar público.
Tiene por lo menos un manual de referencia con respecto a protocolo de la etiqueta.
·La frase sobre la que se cimentaba la educación femenina solía ser: Resolución, Diligencia y Perseverancia
·Una dama jamás podía participar en juegos considerados como groseros, que pudieran tolerar ser besadas o tocadas por caballeros. Por ejemplo: Si una mano masculina se elevaba para admirar un prendedor de tu pecho, se debía retroceder un paso y quitárselo de ese lugar, para que el caballero pudiera admirarlo si lo deseaba, sin necesidad de posar sus ojos en un lugar tan comprometedor..
·Una dama, al cruzar la calle (recuerdo que casi no había adoquines y en cualquier caso estaba bastante sucia con barro y bostas de caballo) Debía recoger su vestido hasta muy poco por encima de su tobillo ,cogiéndose las faldas con la mano derecha y llevándolas hacia la derecha. Se consideraba vulgar subirse el vestido con ambas manos, y lo mismo enseñar demasiado los tobillos, pero ambas cosas se toleraban si el fango de la calle era demasiado profundo.
.Para una mujer, sentarse con las piernas cruzadas era de mala educación y sólo permisible en determinadas circunstancias entre las que no están ningún acto oficial y menos aun si se trataba de una ceremonia religiosa. En el caso de cruzar las piernas, las pantorrillas y los tobillos deben quedar ladeados en paralelo. Es preferible cruzar sólo los tobillos aunque lo mejor será mantener los pies juntos y las rodillas también.



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